Dicen que el amor es la respuesta a todas las preguntas.

Mucho se ha dicho ya de esta generación catalogada millenials y como no me gusta encasillarme en estereotipos voy a referirme de ahora en adelante a mi generación.

Nuestro contacto con la tecnología de este nuevo milenio empezó en nuestra pre y adolescencia (algunos en la adulta), así que nuestro desarrollo social y nuestras habilidades para las relaciones intrapersonales (incluyendo las amorosas) se basaron en estas herramientas a la medida que las mismas se iban desarrollando.

Así que hablaré como alguien que no sólo ha vivido el amor a su manera al mismo tiempo que ha observado acompañado, escuchado y consolado más de una hisoria de amor en los tiempos de mi generación por los mismos millennials.

Empecemos confesando la verdad sobre el amor

Hay algo que nos asusta sobre manera a todos y es estar solos. No físicamente sino emocionalmente.

Eso lo sé desde pequeñita, a todos nos aterra la idea de que en este vasto y ya sobre poblado planeta no exista una sola persona que nos ame incondicionalmente. Y para sorpresa de muchos, este sentimiento está presente en cualquier generación.

Durante los primeros 25 años de nuestra vida nos esforzamos un montón en no darle importancia al amor, a los noviazgos ni a las personas que sentimos nos rompieron el corazón.

Nos atrae el tema, por supuesto, o quien se besó / tuvo sexo con quien no sería algo que se discute desde las fiestas de 15 años hasta…. bueno, hasta lo que llamamos adultez.

Somos algo asi como la generación de padres divorciados (en su gran mayoría) y sé que en muchos eso ha generado una huella que duele cada vez que empezamos a sentir emociones del tono romántico por la persona con la que estamos bien.

La clave está en que a muchos les cuesta reconocer en voz alta, para si mismos y para otros, que sí queremos recibir amor, sentirnos amados y amar a otros. Incluso crecer una familia, envejecer con alguien. Sentirnos valorados e importantes para alguien.

Amor millennialNos escondemos detrás del falso importaculismo

Nos regocijamos en la belicosidad de nuestros rencores al amor en cada martes y llenamos de Me gusta, Me encanta y Me divierte cada post que nos recuerda que al final siempre intentaremos tener algún encuentro sexual con otra persona.

Es como si el sexo es lo único que nos permitieramos vivir en esta generación. Cómo si fuera nuestra arma de defensa contra el monstruo llamado esta persona me gusta un montón. Somos la generación de los encuentros de una noche, las relaciones sin compromiso y los amigos con derechos.

Lo que sea que nos asegure un orgasmo libre de tristezas.

Aquí es donde esto se nos vuelve un arma de doble filo y eso a lo que tememos más es inevitable cuando lo que nos une es lo mismo con lo que queremos crear una distancia emocional.

Creemos que la mejor forma de cuidar nuestro corazón es no darle derechos al otro de imponernos, amarrarnos, reclamarnos porque el amor es una cosa que aunque nos llama también nos atemoriza. Estamos tan acostumbrados a pensar mal del amor, de las relaciones amorosas, de los compromisos amorosos que nos perdemos también de la oportunidad de sentir lo bonito que puede darnos.

De una u otra manera, por un motivo u otro, nos esforzamos en ocultar nuestra vulnerabilidad emocional. Nos sentimos avergonzados o en desventaja por el simple hecho de ser humanos. Y en ese esfuerzo de esconder esa parte de nosotros tampoco somos capaces de estar frente a frente a la naturaleza humana de la persona con la que estamos.

Todas las monedas tienen dos lados.

Esa naturaleza que nos hace seres que comen, que sudan, que cagan, que sangran y que a veces vomitan. Que ríen y que a veces lloran. Que se enojan y se angustian. Los millenials desarrollaron unas políticas amorosas que mantienen lo más lejos que se pueda el compromiso con el otro porque lo que nos gusta del amor es la parte bonita y nada más. El lado de la moneda que nos es más fácil de asimilar y vivir.

La de tomarse fotos, la de salir a bailar y a comer. La de los gemidos y las carcajadas. La de los paseos, los regalos y las celebraciones. Pero así como el aire en nuestros pulmones también necesita salir de nosotros, así mismo las relaciones de pareja tienen ese momento donde todo lo que hemos ocultado de nosotros empieza a salir.

Y es ahí dónde el amor se vuelve una decisión. Ahí es dónde el amor se vuelve real. Dónde lo único que sostiene a dos personas juntas es la decisión de ver el ser humano que tenemos al frente. Verlo como realmente es y encontrar hermosa su naturaleza humana.

Una persona de carne y huesos, de sentimientos y emociones, de deseos y miedos, de anhelos y repulsiones. Una persona que también está tratando de sobrevivir, que también está incilnada hacia todo aquello que le produce placer y que también está huyendole al dolor.

amor cotidiano

Dicen que el amor verdadero es el que se comparte en la cotidianidad, en el día a día. El que sabe que juntos se ayudan a crecer a nivel financiero, a nivel profesional, a nivel familiar, a nivel intelectual, a nivel emocional y a nivel físico tanto como a nivel espiritual.

¿Qué piensas tú sobre el amor de esta nueva era? ¿Piensas que puedes estar con alguien hasta que la muerte los separe? Cuéntame en un comentario aquí abajo cómo debería ser para ti una relación de pareja.

 


¿Ya estamos conectados en Redes Sociales? Si aún no le has dado Me Gusta a mi fanpage de Facebook o si aún no me sigues en mi Instagram, haz click a los enlaces para que puedas disfrutar de todo lo que tengo para ti.


Magia de Ángel
Magia de Ángel

Blogger, Escritora y Conferencista dedicada al Tarot. Con sus conocimientos en Diseño Visual ha creado este sitio web para ti, con el ánimo de que encuentres información con la que puedas transformar tu vida en una que disfrutes al máximo.

Escribe tu Comentario

Leave a Reply

Your email address will not be published.